martes 23 de marzo de 2010

Náuseas

No hace mucho tiempo ciertas personas compartieron conmigo la experiencia de acoger a niños y niñas saharauis en verano. Me contaron todo tipo de historias, algunas muy simpáticas, relativas a las diferencias sociales y culturales. Se sorprenden tanto al ver el agua caer por el grifo, que les cuesta cerrarlo, dijo uno. Igual con la luz… Pulsan el interruptor una y otra vez, añadió otra. Si no fuera porque me interesa el conflicto del Sahara Occidental, es probable que hoy sólo recordase la parte más anecdótica y menos sustancial de aquella conversación. Imagino que éste es el resultado que ha obtenido el relato espectáculo, que no reportaje, 21 días sin comer. En esta nueva entrega del programa de Cuatro, Samanta Villar deja de alimentarse de manera voluntaria para experimentar qué sienten las personas que sufren trastornos de alimentación y compartir las sensaciones con el público: porque no es lo mismo contarlo, advierte la reportera, que vivirlo. Ni mostrar una realidad, añado, que ponerla en escena.
Quien que crea que sabe más del problema por haber visto el documental, se equivoca. La información televisada es, en esencia, un pasatiempo basado en sucesos, anécdotas y acción, que busca lo sensacional. Ésta no iba a ser menos, aunque se trate de ocultar con la etiqueta de reporterismo social y alternativo. El trabajo destaca, sobre todo, los aspectos más superficiales y morbosos de los desórdenes alimentarios; opta por la narración dramática, que no explicativa, y un discurso redundante y estereotipado. No aporta novedad alguna ni, mucho menos, profundidad y análisis.
Es falso que alguien que no sufre anorexia y bulimia pueda ponerse en la piel de estas personas, al tratarse de enfermedades mentales difícilmente comprensibles por quienes no las padecen. Sin embargo, el programa 21 días sostiene que podemos saberlo sin movernos del sofá, gracias al sacrificio de una periodista que pasa hambre tres semanas. Así de fácil. Se olvidan de algo fundamental: no se puede comprender con los ojos y con los sentidos; se comprende con la razón. El acto de aprender o de informarse exige ciertos esfuerzos. Además, se comete una gran irresponsabilidad social al divulgar cuánto peso pierde Villar durante este proceso. ¿Acaso trasciende el valor en el mercado de la droga que incauta la guardia civil? Se trata de prevenir, no de fomentar.
Este modelo de comunicación no es de corte social. En su afán de transmitir instantaneidad, por convertirnos en testigos directos de la acción y ganarse así nuestra atención, prescinde de la distancia que necesitamos para asimilar la información, elaborar una evaluación crítica y actuar. No se muestra la realidad con la voluntad de informar, denunciar o sensibilizar, para cambiar mentalidades y actitudes. Se adecua la realidad a las exigencias de un guión que busca impactar y ganar audiencia, que comercializa con la dignidad humana y transforma a las personas en beneficios… Siento náuseas.

3 comentarios:

Sintomático dijo...

Muy bien dicho.

Eli dijo...

Vos lo dijiste, fue sólo una puesta en escena. La realidad del hambriento no es de 21 días, y viene acompañada de montones de carencias y sentimientos de desolación tales que ni siquiera quien la vivó puede sentir si logró salir de ese estado.

Yo viví esa realidad y recuerdo cada detalle. Pero no logro sentir la angustia que sentía por el futuro incierto de mi hijo.

Creo que jamás podré ponerme en mi piel de hace veinte años. Ni siquiera volviendo a caer en la indigencia, porque no perderé el orgullo y la felicidad de haber podido educar a mi hijo.

¡Saludos!

LEC dijo...

Eli, lamento que hayas tenido que pasar por una experiencia así. Por otra parte, te habrá enseñado mucho sobre ti y sobre la vida, aprendizaje que puedes aprovechar para ayudar a otras personas en la misma situación y sensibilizar a la sociedad.
Me indigna esta forma de hacer televisión, que no periodismo, porque pienso en personas como tú.
Enhorabuena por ser tan valiente. Gracias por leerme y comentar.
Miguel, gracias por pasarte por aquí. Lo valoro muchísimo. Es muy difícil competir con el potente atractivo de NY. Pásalo bien y continúa contándolo.